lunes, 20 de abril de 2015

Hacia la madurez emocional

Cuando el niño es pequeño generalmente recibe el afecto de las personas en general. Un niño pequeño es como un Ángel que acaba de nacer y a todos nos conmueve su sonrisa, sus gestos, sus primeros pasos.
Luego pasa el tiempo y las relaciones cambian; la vida y el ambiente social donde vive la persona irán moldeando su personalidad.
Pasamos de ser angelicales a ser individuos con una cierta madurez emocional, a veces algo neurótico, arrastramos frustraciones, desencantos con la vida y por momentos nos tornamos en seres difíciles de tratar.
En ese sentido explicaría un buen consejero Cristiano que seria importante revisar nuestra conducta cada tanto para no tornarnos en personas toxicas (Que
dañan emocionalmente a los demás)
Si en algún momento notamos que hemos perdido la felicidad interior procuremos recurrir en oración al Padre Celestial, el nos proveerá de la fuerza anímica necesaria para tener una sana y equilibrada personalidad.
Dios escuchará nuestras plegarias si somos perseverantes y no nos cansamos de presentarle nuestras peticiones. (Lucas 18, 1-8)